Una tarde en la ciudad
- Te conozco desde hace muy poco - le dijo ella- pero, sin embargo, tengo la sensación de conocerte desde siempre. Desde que cruzamos nuestras primeras palabras sentí que algo especial nos unía. Y eso, me encanta. Es una sensación nueva y especialmente agradable.
- Quizás este paseo nos ayude a entender qué nos está pasando- respondió él muy atento a las palabras de ella.
Había sentido siempre un vacío que no acaba de ser ocupado. Algo que a ella le dejaba el alma sin cierta protección y que velaba por no ser descubierto por ninguna persona que no le fuera especialmente cercana y de confianza. Su vida había sido tranquila, sin muchos altibajos, con todo bajo ese control que le daba esa supuesta seguridad que necesitaba. Hasta que llegó él, como viento fresco a una estancia con la ventana abierta, e hizo que sus muros de contención se tambalearan.
Él, habitante del mundo y viajero indómito, había llegado a su vida por ¿casualidad o por causalidad? Eso es lo que trataban de averiguar mientras deleitaban un rico cappuccino.
- ¿Cuándo te diste cuenta de que podríamos llegar a ser cómplices del mismo sueño? - preguntó ella rompiendo el silencio en el que se habían sumergido.
- Fueron tus palabras y la forma de dirigirte a mí lo que me hicieron pensar que eras diferente. Al principio, dudé de ello, considerándote una más en la lista de contactos. Después, a medida que fue pasando el tiempo, y releyendo tus mensajes, comprobé que tu sensibilidad iba más allá de lo que tus palabras expresaban. Me dejé llevar y le di permiso a mi corazón para que la intuición me guiara. Y aquí estoy. A tu lado.
Compartían un sueño sin saberlo. Estaban descubriendo que eran piezas del mismo engranaje.
